Justo antes de salir me lavé los dientes. Me miré en el espejo, fijamente, las manchas amarillas y transparentosas de esos dientes grandotes que me salieron a los nueve años, lo primero que nota la gente, mis cuadrados, feos y corrugados incisivos; culpables de que al sonreír me tape la cara. Andaba en esas, concentrada en la fealdad de mi dentadura y escupiendo espuma, cuando noté algo oscuro y siniestro a pocos centímetros de mi labio inferior.
Era una espinilla en proceso decadente de erupción, es decir, la espinilla no terminaba de salir de su bacteriano escondite. Creanme que no era mi imaginación. Esa cosa parecía albergar mil demonios en medio de su diminuta naturaleza, era grotescamente negra, y estaba rodeada de una fina capa de piel rosada. Después sí llegó mi imaginación, cuando vi millones de seres blancuzcos, como esqueletos con carnes escasas, empezaron a salir gateando de aquel agujero negro, danzando sobre mi nariz y metiéndose entre mis ojos hasta mi cerebro.
Intenté espichar, oprimir, hacer presión. Con lo dedos, no funcionó. Con las uñas, no funcionó. Con más fuerza, nada. El maldito punto me enloqueció y terminé con una mancha gigante de sangre repartida en pixeles de carne.
Allí estaba yo. Horrible, tan fea. Corrí por el maquillaje, me eché al menos 16 capas de polvos y algo de la base sobre la mancha. Permanecía como una huella imborrable de un crimen imperdonable. Lloré un poco, quería verme linda. Me dio rabia que todas las mujeres que conozco son lindas, menos yo. La más fea, la más tonta, la más terca. Realmente quería verme bonita, pero parecía una cuarentona con cicatrices, o con lunares mal operados. Perdón, quería estar linda. ¿A quién pido perdón? No sé, pero no puedo evitar sentirme culpable por ser tan hedionda.
Se me hizo tarde, soy fea ¿Quién querría esperarme?
_______________________________________________Era una espinilla en proceso decadente de erupción, es decir, la espinilla no terminaba de salir de su bacteriano escondite. Creanme que no era mi imaginación. Esa cosa parecía albergar mil demonios en medio de su diminuta naturaleza, era grotescamente negra, y estaba rodeada de una fina capa de piel rosada. Después sí llegó mi imaginación, cuando vi millones de seres blancuzcos, como esqueletos con carnes escasas, empezaron a salir gateando de aquel agujero negro, danzando sobre mi nariz y metiéndose entre mis ojos hasta mi cerebro.
Intenté espichar, oprimir, hacer presión. Con lo dedos, no funcionó. Con las uñas, no funcionó. Con más fuerza, nada. El maldito punto me enloqueció y terminé con una mancha gigante de sangre repartida en pixeles de carne.
Allí estaba yo. Horrible, tan fea. Corrí por el maquillaje, me eché al menos 16 capas de polvos y algo de la base sobre la mancha. Permanecía como una huella imborrable de un crimen imperdonable. Lloré un poco, quería verme linda. Me dio rabia que todas las mujeres que conozco son lindas, menos yo. La más fea, la más tonta, la más terca. Realmente quería verme bonita, pero parecía una cuarentona con cicatrices, o con lunares mal operados. Perdón, quería estar linda. ¿A quién pido perdón? No sé, pero no puedo evitar sentirme culpable por ser tan hedionda.
Se me hizo tarde, soy fea ¿Quién querría esperarme?
No me mires
cuando evito la luz
y volteo mis ojos
hacia el suelo.
No me mires
si la brisa golpea,
siniestra,
mis labios resecos.
No me mires
si te digo
que no vale la pena
perder un segundo en ello.
No me mires
si las lágrimas
se han secado
y los moquitos
siguen
saludando el cielo.
Mírame
aún si te digo
que no lo hagas,
sólo el aliento
de tus ojos
sobre mi fealdad
puede hacerme
sentir
que no todo
en mi
está desafinado.
Me queda la tonada
de tus ojos
sobre mi
desaliñado cuerpo.
Bueno, ya salí a vacaciones pero sigo algo ocupada. Aún así, le sacaré tiempo a esto y arreglaré los colores, quiero que quede bonito, de hecho tal vez haga algo ya mismo. Un saludo a todos. Por cierto, Camus podrá se lo que quiera menos pesimista. Incluso podría decir que fue el autor que me sacó de mi depresión de juventud, hace muchos años. Pero ya es cosa de cada quién lo que crea, por eso no me meto ni en existencialismos ni en discusiones por el estilo (ver comentarios de la anterior entrada). A la literatura lo que es de la literatura, a Dios lo que es de Dios. Jajajajaja... que porquería, cualquiera diría que acabo de recibir una terapia de electro choque y algo de lavado de cerebro a lo Deepack Chopra, jajajajajaajaja... pero bueno, es que los domingos de Caterva siempre lo dejan a uno satisfecho.
Gudi amor de mi vida, te amo, valga la redundancia. Al resto, espero que hayan disfrutado en algo la lectura.
Gudi amor de mi vida, te amo, valga la redundancia. Al resto, espero que hayan disfrutado en algo la lectura.









